EL JAZZ, UN FESTIVAL PARA REENCONTRARSE CON VERACRUZ

EL JAZZ, UN FESTIVAL PARA REENCONTRARSE CON VERACRUZ

Cortesia de Pablo Jair Ortega

El segundo Festival Internacional del Bolero y el Jazz, celebrado este fin de semana entre Xalapa y Veracruz, nos recuerda que el desarrollo de Veracruz también se construye con espacios donde las personas ejerzan algo tan esencial como el derecho a disfrutar, crear, convivir y ser felices.

Desde el inicio de su administración, la gobernadora Rocío Nahle ha insistido en vincular cultura y turismo.

El derecho al bienestar cultural ha sido una característica del humanismo mexicano que promueve la Cuarta Transformación y cuando uno ve a cientos de personas llenando un teatro no solamente consumen un espectáculo, sino que recuperan espacios públicos, conviven, fortalecen vínculos comunitarios y reafirman un sentido de pertenencia.

Incluso la Organización de las Naciones Unidas ha reconocido que la participación en la vida cultural forma parte de los derechos humanos.

Y al brindar la posibilidad de acceder a experiencias artísticas que enriquecen la vida colectiva también se atrae turismo, se impulsa la economía y se abre oportunidades para nuevas generaciones.

Entonces el gasto se convierte en una de las inversiones públicas con mayor capacidad de transformar una sociedad.

El Festival del Bolero y el Jazz no sólo reunió figuras consolidadas, puso a jóvenes intérpretes en un escenario profesional, les otorgó becas para continuar su formación y los conectó con circuitos nacionales de desarrollo artístico.

Durante años, Veracruz perdió presencia dentro de los grandes circuitos culturales del país, la inseguridad, la falta de continuidad institucional y el abandono de proyectos provocaron que muchos artistas dejaran de incluir al estado en sus giras.

Ahora son los propios artistas quienes buscan volver a Veracruz.

Hay una frase que la Gobernadora repite con frecuencia “rescatar la autoestima del veracruzano” y eso se logra cuando se promueve al estado, sus riquezas, su gente y entonces también crece el orgullo de pertenecer.

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